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Contenido actualizado y visión del mercado

La provincia de Neuquén regresó la semana pasada al mercado internacional de deuda por primera vez en casi una década. El 23 de julio de 2026, la administración de Rolando Figueroa colocó con éxito un nuevo bono en Wall Street por US$500 millones, bajo ley de Nueva York, con una demanda que más que duplicó la oferta: los pedidos de inversores superaron los US$1.100 millones.

El dato no pasó desapercibido. En un contexto donde varias provincias argentinas acudieron al mercado impulsadas por necesidades de financiamiento, Neuquén llegó con un perfil diferente: años de desendeudamiento, una situación fiscal más sólida y una perspectiva de crecimiento respaldada por la expansión de Vaca Muerta. La última emisión internacional de la provincia había sido en 2017.

En aquella emisión de 2017 nació el NDT25, conocido como TIDENEU, un bono en dólares bajo ley Nueva York con vencimiento original en 2025. Tres años después, en diciembre de 2020, la pandemia y la caída del precio del petróleo golpearon de lleno las finanzas provinciales y Neuquén debió reestructurar ese bono, extendiendo su vencimiento hasta abril de 2030 y adoptando un esquema de cupón escalonado, conocido como step-up, que hoy paga una tasa del 6,875% anual. 

Uno de los aspectos que más valoran los inversores de este bono es su esquema de amortización. Desde 2024, cada semestre la provincia devuelve el 7,69% del capital, lo que significa que el inversor no tiene que esperar hasta el vencimiento para recuperar su dinero ni depende de que el emisor decida renovar la deuda al final del camino. Esa devolución periódica de capital es una señal concreta de disciplina fiscal y en un mercado como el argentino, acostumbrado a refinanciaciones y reestructuraciones, este tipo de cronogramas suele ser bien recibido porque disminuye la incertidumbre sobre el repago. 

El nuevo bono bajo el ticker NDG34, salió al mercado con un cupón del 7,35% anual, un precio de emisión del 98% y un rendimiento del 7,65%. Liquido este 30 de julio y tendrá un vencimiento escalonado en tres cuotas durante 2032, 2033 y 2034, buscando calzar los pagos con el período de mayor producción y regalías que se espera de Vaca Muerta en esos años. A diferencia de emisiones anteriores de la provincia, no cuenta con garantía explícita de regalías, pero eso no frenó el apetito inversor: la demanda superó los 1.100 millones de dólares, más del doble de lo colocado.

La suscripción fue exclusivamente en dólares cable y con una lámina mínima de 1.000 dólares, por lo que por ahora el instrumento está reservado a inversores institucionales y perfiles más sofisticados. Una vez que el bono comience a cotizar en el mercado secundario, se espera que sea accesible para un universo más amplio de inversores locales a través de sus cuentas comitentes.

Los fondos obtenidos estarán destinados al financiamiento de obras de infraestructura provincial. El crecimiento de Vaca Muerta requiere nuevas rutas, servicios, viviendas y obras que acompañen la expansión de la actividad energética. Por eso, el diseño del bono también refleja una lógica financiera: invertir hoy para potenciar ese desarrollo y concentrar las amortizaciones entre 2032 y 2034, período en el que se espera que la producción no convencional alcance un mayor nivel de madurez y generación de regalías. 

Lic. Lucia Narbaits – Research en PIN Capital

Nota para el Diario Rio Negro 02/08/2026

Luego de varios meses de fuertes subas impulsadas por el entusiasmo en torno a la inteligencia artificial, Wall Street atravesó una semana de corrección que golpeó principalmente a las empresas tecnológicas y de comunicación. Si bien los principales índices cerraron con pérdidas moderadas, el ajuste fue mucho más pronunciado en los sectores que habían liderado el rally durante el último año, reabriendo una pregunta habitual entre los inversores: ¿qué explica estas caídas cuando todavía no se conocieron los balances trimestrales?

Los movimientos de la última semana muestran una diferencia clara entre el comportamiento del mercado en general y el de los sectores más vinculados a la tecnología. El índice S&P 500, representado por el ETF SPY, retrocedió 1,41% en la semana y acumula una baja de 0,80% en el último mes. Sin embargo, el Nasdaq 100 —replicado por el ETF QQQ y con una fuerte concentración en compañías tecnológicas— cayó 4,64% en la semana y 5,21% en el último mes.

La explicación aparece al analizar la composición de estos índices. Mientras el S&P 500 es un índice diversificado que reúne a las 500 empresas más grandes de Estados Unidos, cerca del 40% de su ponderación corresponde a compañías de tecnología y servicios de comunicación. En el caso del Nasdaq 100, esa concentración es todavía mayor, por lo que los movimientos del sector tecnológico tienen un impacto mucho más significativo sobre su rendimiento.

La presión vendedora se concentró justamente en esos sectores. El sector tecnológico registró una caída semanal del 5,58% y acumula un retroceso del 5,30% en el último mes. Por su parte, el sector de comunicación perdió 2,79% en la semana y 4,53% durante el último mes. Se trata, precisamente, de los dos sectores que concentran a las compañías más vinculadas al desarrollo de inteligencia artificial, semiconductores, computación en la nube y publicidad digital, protagonistas del extraordinario desempeño bursátil de los últimos trimestres.

Sin embargo, reducir este movimiento a una simple “caída del mercado” sería una interpretación incompleta. Detrás de estas correcciones suele haber un factor que muchas veces pasa desapercibido para quienes recién comienzan a invertir: las expectativas.

El precio de una acción no refleja únicamente la situación actual de una empresa, sino también lo que el mercado espera que ocurra en el futuro. En compañías como Nvidia, Microsoft, Alphabet o Meta, gran parte de la valorización de los últimos meses estuvo impulsada por la expectativa de que continúen liderando el desarrollo de la inteligencia artificial y mantengan elevadas tasas de crecimiento en ingresos y ganancias. Esa expectativa quedó incorporada en los precios y elevó considerablemente las valuaciones del sector.

Por eso, cuando se acerca la temporada de presentación de balances trimestrales, muchos inversores optan por reducir exposición y realizar una toma de ganancias. No necesariamente porque consideren que las empresas atraviesan un mal momento, sino porque entienden que gran parte de las buenas noticias ya se encuentran reflejadas en el precio de las acciones. En ese contexto, el margen para una sorpresa positiva se reduce, mientras que cualquier resultado que no supere ampliamente las expectativas puede traducirse en una corrección significativa.

En otras palabras, en Wall Street no alcanza con presentar un buen balance. Las compañías deben demostrar que continúan creciendo por encima de lo que el mercado ya descontó previamente. Incluso empresas que aumentan sus ventas, mejoran sus beneficios y presentan resultados récord pueden experimentar caídas en bolsa si esos números no logran sorprender a los inversores.

La reciente corrección no necesariamente implica un cambio de tendencia para el sector tecnológico, sino que refleja un mercado cada vez más exigente con compañías que cotizan con altas expectativas de crecimiento. Las próximas presentaciones de balances serán clave para determinar si las grandes tecnológicas logran volver a convalidar las valuaciones alcanzadas o si la toma de ganancias encuentra continuidad. 

Lic. Lucia Narbaits – Research en PIN Capital

Nota para Diario Rio Negro 19/07/2026

Durante los primeros meses de 2026, el dólar oficial se mantuvo prácticamente quieto. Desde febrero hasta finales de mayo, el tipo de cambio operó con una estabilidad inusual para los estándares argentinos, lo que llevó a muchos ahorristas a hacer lo que el ADN financiero local indica casi por reflejo: comprar dólares. La lógica es conocida, y tiene historia que la respalda. Sin embargo, junio trajo la primera señal de movimiento: el billete acumuló una suba de alrededor del 5% en el mes, superando por primera vez en el año a la inflación mensual, que fue del 2,1% en mayo. Aun así, en términos nominales el dólar sigue atrasado respecto a la inflación acumulada del año, que ya roza el 15%. El despertar cambiario, aunque moderado, volvió a poner sobre la mesa una pregunta que el ahorrista argentino esquiva con frecuencia: ¿alcanza con tener los dólares quietos, o eso también tiene un costo? 

La respuesta corta es que sí, tiene un costo. Y es más alto de lo que parece. El ahorrista que mantiene sus dólares en una caja de ahorro no está preservando valor: está perdiendo poder adquisitivo en silencio. Estados Unidos proyecta una inflación cercana al 4% anual para 2026, y la Reserva Federal evalúa subir su tasa de referencia hacia fin de año para contenerla. Eso significa que el dólar en sí mismo se deprecia, y los billetes guardados sin rendimiento pierden valor en términos reales.

Pero el costo de oportunidad no es solo para quienes tienen dólares. El ahorrista en pesos que optó por un plazo fijo bancario enfrenta una situación igualmente compleja. La tasa nominal anual promedio de los plazos fijos bajó al 16%, mientras que las proyecciones de inflación para 2026 se ubican en torno al 30% anual. Esto configura lo que en economía se llama tasa de interés real negativa: cuando el rendimiento de un instrumento no alcanza a cubrir la inflación, el ahorrista pierde capacidad de compra aunque nominalmente vea crecer su saldo. En términos concretos, quien hoy coloca pesos a plazo fijo está obteniendo un rendimiento que le cubre poco más de la mitad de lo que la inflación le va a consumir en el año.

El plazo fijo tiene además otras limitaciones más allá de la tasa. Una vez constituido, el dinero queda inmovilizado por el plazo pactado —generalmente 30 días— sin posibilidad de rescate anticipado. Para quien necesita liquidez, eso es un problema. A esto se suma que la tasa del 16% no es pareja para todos: los bancos suelen ofrecer condiciones más favorables a clientes con mayores depósitos o perfiles de renta alta, lo que deja al ahorrista promedio en el escalón más bajo de la tabla.

Frente a ese panorama, el mercado ofrece una alternativa más competitiva: los instrumentos que ajustan por inflación, conocidos como bonos y letras CER. A diferencia del plazo fijo, estos instrumentos actualizan su capital según el índice de precios, y además pagan una tasa adicional por encima de la inflación. En el tramo corto-medio del mercado, el X30N6 con vencimiento el 30 de noviembre y el TZXD6 con vencimiento el 15 de diciembre. Para quienes están dispuestos a extender el plazo el TZXM7 ,con vencimiento en marzo de 2027, ofrece inflación más 4,9%, un spread más atractivo para perfiles con mayor horizonte de inversión. Ademas, pueden venderse en cualquier momento en el mercado secundario, lo que les otorga liquidez inmediata. Y la barrera de entrada es baja: se puede comenzar desde los 100.000 pesos  lo que las pone al alcance de un universo amplio de ahorristas que hasta ahora creían que este tipo de instrumentos era solo para grandes inversores.

En Argentina, el hábito de ahorrar en dólares y guardarlos es casi cultural. Pero en un contexto donde el propio dólar pierde valor por la inflación estadounidense, donde el plazo fijo rinde menos de la mitad de lo que la inflación local consume y donde existen alternativas líquidas y accesibles desde montos bajos, dejar el dinero quieto dejó de ser una estrategia neutral. Es, en los hechos, una decisión de pérdida. El primer paso no es complicado: entender que en finanzas, la inacción también tiene precio. 

Lic. Lucia Narbaits – Research en PIN Capital

Nota para el Diario Rio Negro 28/06/2026

Durante los últimos años, una parte significativa de los flujos de inversión globales se concentró en empresas tecnológicas vinculadas al desarrollo de la inteligencia artificial, la computación en la nube y los semiconductores. Compañías como Nvidia, Microsoft, Apple, Amazon y Meta no solo lideraron las ganancias bursátiles sino que redefinieron el perfil de los principales índices de Wall Street. El mercado sigue dominado por la narrativa de la inteligencia artificial y el momentum alcista.

Sin embargo, mientras Estados Unidos mira hacia los centros de datos y la próxima generación de modelos de inteligencia artificial, Argentina construye una historia diferente. El mercado local tiene sus motores en otro lado: la energía, minería y el potencial exportador de los recursos naturales de Vaca Muerta. Por eso muchas veces vemos jornadas donde Wall Street cae y el Merval sube, o viceversa. No porque uno esté mejor que el otro, sino porque cada mercado responde a fuerzas completamente distintas. En definitiva, los índices bursátiles son el reflejo de la economía que los sostiene. 

Para entender por qué ambos mercados se mueven de manera tan diferente, hay que mirar qué hay dentro de cada uno. El SPY es el ETF más conocido del mundo y replica al S&P 500, el índice que agrupa a las 500 empresas más grandes de Estados Unidos. El mismo está dominado por compañías del sector tecnológico, que representan alrededor del 32% de su composición, y si se suma el sector de comunicaciones —donde cotizan Meta y Alphabet— ese peso tecnológico supera el 40% del total. Las primeras posiciones del índice son todas empresas que construyen su negocio sobre software, datos e inteligencia artificial: Microsoft, Nvidia, Apple y Amazon. 

El Merval, por su parte, es el principal índice bursátil argentino y agrupa a las empresas más negociadas de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, dominado por dos sectores principales: energía y bancos. Sus nombres más representativos son YPF, Pampa Energía, Grupo Financiero Galicia, Banco Macro y BBVA Argentina. Prácticamente no hay tecnología. Lo que mueve al Merval no son algoritmos ni modelos de lenguaje, sino el precio internacional del petróleo, las tasas de interés y las expectativas sobre la macroeconomía argentina. 

Esa diferencia de composición no es un dato menor: es la razón estructural por la que ambos índices pueden moverse en direcciones opuestas el mismo día.

La comparación se vuelve aún más interesante cuando se pone el foco exclusivamente en el sector energético. En Estados Unidos, el XLE es el ETF de referencia para seguir a las grandes petroleras globales. Sus principales posiciones son Exxon Mobil y Chevron, dos gigantes con operaciones en decenas de países, flujos de caja consolidados y décadas de historia como exportadores maduros. Son empresas que ya atravesaron su etapa de expansión y hoy operan con la lógica de industrias establecidas.

La historia argentina es radicalmente distinta. YPF, Pampa Energía y Vista Energy no representan una industria madura sino una en plena expansión. Lo que el mercado está comprando cuando invierte en estas empresas no es el petróleo que producen hoy, sino el potencial de lo que pueden producir mañana. La producción no convencional de petróleo en Argentina podría alcanzar un récord histórico en 2026, con proyecciones de extracción un 16% superiores a las del año anterior.

Son dos lógicas de inversión distintas dentro del mismo sector, y eso también explica por qué el comportamiento de las acciones argentinas de energía no siempre acompaña al ETF estadounidense, aunque el precio internacional del petróleo afecte a ambos.

Entender esa distinción es fundamental para cualquier inversor que quiera leer correctamente lo que pasa en los mercados, sin caer en la trampa de comparar lo que no es comparable. Un fondo global puede tener Nvidia y YPF en la misma cartera sin contradicción alguna: una es una apuesta a la inteligencia artificial, la otra es una apuesta a Vaca Muerta. Dos historias diferentes, dos motores distintos, un mismo objetivo: encontrar valor donde otros aún no miran. 

Lic. Lucia Narbaits – Research en PIN Capital

Nota para el diario Rio Negro 14/06/2026

El mercado de deuda en pesos continúa mostrando una marcada compresión en los rendimientos de los instrumentos a tasa fija, en particular en el segmento de Letras del Tesoro Capitalizables (LECAP). En las últimas licitaciones del Ministerio de Economía, se observa una clara convalidación de tasas por debajo del 30% nominal anual (TNA), consolidando una tendencia descendente que ya se venía reflejando en el mercado secundario.

Actualmente, la curva de LECAP presenta rendimientos que oscilan entre el 23,7% y el 32,3% de TIR, dependiendo del plazo. En el tramo corto, la letra con vencimiento en junio S12J6 opera con una TIR del 23,72%, lo que implica una Tasa Efectiva Mensual (TEM) cercana al 1,79%. Por su parte, la letra de julio S17L6 rinde 24,88% de TIR, equivalente a una TEM de 1,87%.

En el tramo medio de la curva, los instrumentos continúan mostrando tasas relativamente homogéneas. La LECAP de agosto S31G6 presenta una TIR del 30,13% (TEM 2,22%), mientras que la de septiembre S30S6 se ubica en 27,31% (TEM 2,03%). Más adelante, la letra de octubre S30O6 rinde 25,40% (TEM 1,91%) y la de noviembre S30N6 se ubica en 25,28% (TEM 1,90%).

Un dato relevante es que ya no se observan instrumentos de tasa fija con TIR superiores al 35%, un nivel que meses atrás funcionaba como referencia para el tramo corto de la curva. A modo ilustrativo, una TIR del 35% anual equivale a una TEM cercana al 2,53%, claramente por encima de los niveles actuales. La ausencia de rendimientos en ese rango refleja un cambio en las expectativas implícitas del mercado.

Este comportamiento sugiere que los inversores están convalidando un proceso de desinflación en curso, ajustando sus requerimientos de retorno nominal a la baja. La pendiente de la curva, relativamente plana en el tramo corto y medio, también indica cierta estabilidad en las expectativas, sin grandes primas por plazo.

En este contexto, las licitaciones primarias han funcionado como un termómetro clave. El hecho de que el Tesoro haya logrado captar financiamiento a tasas por debajo del 30% en las últimas colocaciones refuerza la consistencia entre el mercado primario y el secundario. Este alineamiento resulta relevante desde el punto de vista de la sostenibilidad financiera, en la medida en que reduce el costo de refinanciamiento de la deuda en pesos.

En síntesis, la dinámica reciente de las LECAP refleja un cambio significativo en el régimen de tasas de interés en Argentina. La compresión de rendimientos, la desaparición de tasas superiores al 35% y la convergencia de las TEM hacia niveles cercanos al 2% mensual configuran un escenario en el cual el mercado parece estar incorporando una trayectoria descendente de la inflación, al menos en el corto y mediano plazo.

En paralelo a esta compresión de tasas en las LECAP, durante los últimos meses gran parte del apetito del mercado estuvo concentrado en los instrumentos ajustados por inflación, particularmente las Letras CER (LECER). En un contexto donde la inflación mensual mostró una trayectoria ascendente durante nueve meses consecutivos, estos instrumentos ganaron protagonismo al ofrecer cobertura frente a la aceleración del IPC. Sin embargo, el dato de inflación de abril —que se ubicó en 2,6% mensual— marcó la primera desaceleración respecto al mes previo y comenzó a instalar una nueva discusión dentro del mercado: si el proceso desinflacionario logra consolidarse, los instrumentos indexados podrían perder parte de su atractivo relativo frente a la tasa fija.

En este escenario, el comportamiento del flujo de inversiones de corto plazo será un factor clave a monitorear en los próximos meses. Mientras que las LECER fueron la alternativa preferida en un contexto de inflación creciente, una eventual continuidad en la desaceleración del IPC podría favorecer una rotación hacia instrumentos a tasa fija, especialmente si el mercado considera que las tasas actuales aún permiten capturar rendimientos reales positivos. La evolución de esta dinámica será determinante para entender cómo se reconfigura la curva en pesos y cuáles serán los instrumentos preferidos por los inversores.

Ezequiel Vega – Research en PIN Capital

Nota para Diario Rio Negro 24/05/2026

El martes al cierre del mercado se conoció una noticia relevante para la economía argentina: la calificadora Fitch Ratings decidió subir la nota de la deuda soberana del país desde CCC+ a B-, con perspectiva estable.

A simple vista puede parecer un dato técnico, pero detrás de esa decisión hay una señal importante sobre cómo el mundo financiero empieza a percibir a la Argentina.

Para entender su impacto, primero hay que responder una pregunta básica: ¿qué es una calificadora de riesgo? Se trata de empresas que analizan la capacidad de un país —o de una empresa— para cumplir con sus obligaciones de deuda. En función de ese análisis, asignan una nota que funciona como referencia para los inversores a nivel global. Cuanto mejor es la calificación, menor es el riesgo percibido y, en general, más bajo es el costo de financiamiento – dividiéndose en Grado de Inversión (AAA a BBB-) y Grado Especulativo (BB+ a D). 

En ese sentido, la mejora anunciada por Fitch implica que, según su evaluación, Argentina muestra avances en variables clave como el orden fiscal, la balanza externa y la capacidad del Gobierno para sostener su programa económico. Entre los factores destacados aparecen la consolidación del ancla fiscal, una mayor fortaleza política tras las elecciones legislativas de 2025 y el avance de reformas estructurales en áreas como el mercado laboral, la minería y la desregulación.

Otro punto relevante es la mejora en la posición externa. El crecimiento de las exportaciones energéticas y mineras, junto con mayores perspectivas de ingreso de divisas provenientes del agro, permiten proyectar una acumulación de reservas más sólida. De hecho, Fitch estima que las reservas brutas podrían alcanzar los 52.700 millones de dolares hacia fin de año.

Ahora bien, la mejora en la calificación no implica que Argentina haya dejado atrás sus problemas. El país sigue dentro del rango especulativo —es decir, niveles de alto riesgo— y la propia agencia advierte sobre factores que continúan generando incertidumbre, como la fragilidad de las reservas, la inflación todavía elevada y el historial de volatilidad macroeconómica.

Aun así, el movimiento no es menor. La suba a B- deja a Argentina a un escalón de la calificación B que había alcanzado en 2016, durante el gobierno de Mauricio Macri, antes de la crisis cambiaria de 2018 y el posterior default de 2020. La comparación sirve como referencia, pero también como advertencia: mejorar la nota es un paso importante, sostenerla en el tiempo es el verdadero desafío.

En el plano regional, Argentina todavía se encuentra rezagada. Países como Brasil (BB) y México (BBB-) que mantienen calificaciones varios escalones por encima, dentro de niveles más cercanos al grado de inversión, lo que les permite acceder a financiamiento internacional en mejores condiciones. Esta brecha refleja no solo diferencias en las variables macroeconómicas actuales, sino también en la credibilidad y consistencia de las políticas a lo largo del tiempo.

En términos de mercado, este tipo de noticias suele tener impacto directo sobre los activos financieros. Una mejora en la calificación tiende a favorecer a los bonos soberanos y acciones argentinas ya que reduce la percepción de riesgo y mejora el apetito de los inversores. En esa misma línea, puede contribuir a una baja del riesgo país y, de forma indirecta, a una mayor estabilidad en el tipo de cambio.

El miércoles en la apertura la reacción inicial de los bonos soberanos  fue más bien moderada. Si bien se esperaba una apertura con subas más marcadas tras la mejora en la calificación, lo que se observó el miércoles fue un comportamiento dispar entre los distintos tramos de la curva soberana.

Los bonos argentinos —tanto los ley local (AL) como los ley extranjera (GD) y los más cortos como los AO— no reaccionaron de forma homogénea. El tramo largo de la curva mostró mayores subas de hasta 2.5%, con variaciones más visibles en precios, mientras que los bonos de corto plazo se mantuvieron más estables con subas de entre 0.2%-0.6%. Esta dinámica no es casual. Los bonos largos son más sensibles, en cambio, los bonos más cortos tienen flujos más cercanos y, por lo tanto, presentan una mayor rigidez en sus precios. 

Por su parte las acciones argentinas presentaron fuertes subas el día miércoles, con el sector bancario liderando con rendimientos intradiarios de hasta 8% seguidos por el sector energético. El jueves se acabó la euforia y fue una jornada más tranquila para la renta variable. 

Lic. Lucia Narbaits – Research en PIN Capital

Nota para Diario Rio Negro 10/05/2026

El balance exportador de marzo dejó una señal clara en el frente externo: la economía argentina logró combinar un fuerte crecimiento de las ventas al exterior con una ampliación significativa del superávit comercial, en un contexto donde la generación de divisas vuelve a posicionarse como un factor central para la estabilidad macroeconómica.

Según los datos publicados por el INDEC, las exportaciones alcanzaron en marzo un récord histórico de USD 8.645 millones, lo que representó un incremento interanual de 30,1% . Este desempeño no solo marca un máximo nominal, sino que además evidencia una mejora sustancial en el volumen exportado, con un crecimiento de las cantidades del 25,3%, mientras que los precios avanzaron de manera más moderada.

El dato relevante detrás de esta dinámica es que el crecimiento fue generalizado en todos los grandes rubros, lo que le otorga mayor solidez al resultado. Los productos primarios lideraron la expansión con un incremento interanual superior al 56%, impulsados principalmente por el aumento en las cantidades exportadas, especialmente en el complejo cerealero. Este comportamiento refleja, en gran medida, la normalización de los niveles productivos tras campañas afectadas por factores climáticos en períodos anteriores.

Por su parte, las manufacturas de origen agropecuario (MOA) registraron una suba cercana al 18%, combinando mejoras tanto en precios como en cantidades. En paralelo, las manufacturas de origen industrial (MOI) crecieron más de un 26%, mostrando una recuperación en la demanda externa de bienes con mayor valor agregado, en particular vinculados al sector automotriz y a determinadas cadenas industriales.

En el segmento energético, las exportaciones de combustibles y energía avanzaron un 23% interanual, alcanzando niveles récord en valores absolutos. Este desempeño estuvo asociado principalmente al incremento en los envíos de petróleo crudo y derivados, consolidando al sector energético como uno de los principales generadores de divisas en la actual estructura exportadora.

Desde el punto de vista del resultado comercial, marzo cerró con un superávit de USD 2.523 millones, lo que implicó una mejora sustancial respecto al mismo mes del año anterior. Este resultado se dio en un contexto donde las importaciones crecieron apenas 1,7% interanual, reflejando una dinámica más contenida en la demanda de bienes externos.

Al analizar el acumulado del primer trimestre, la tendencia se mantiene consistente. Las exportaciones totalizaron aproximadamente USD 21.000 millones, con un incremento cercano al 16% interanual, mientras que el saldo comercial alcanzó los USD 5.500 millones, el nivel más alto para un primer trimestre en más de una década. Este dato resulta particularmente relevante desde una perspectiva macroeconómica, ya que consolida un flujo sostenido de divisas en la cuenta corriente.

En este punto, la importancia del frente externo trasciende el mero dato comercial. En economías como la argentina, donde las restricciones externas han sido históricamente un condicionante del crecimiento, la acumulación de superávits comerciales robustos cumple un rol clave en la estabilidad del tipo de cambio. Un mayor ingreso de dólares por exportaciones contribuye a reducir presiones sobre el mercado cambiario, mejora la capacidad de intervención de la autoridad monetaria y genera un entorno más previsible para la formación de expectativas.

No obstante, el análisis también requiere matices. A pesar del fuerte crecimiento en cantidades exportadas, los términos del intercambio mostraron un leve deterioro, producto de un aumento más acelerado en los precios de importación respecto de los de exportación. Este factor introduce un elemento de cautela, ya que limita parcialmente el impacto positivo del mayor volumen comercial sobre el ingreso neto de divisas.

En síntesis, el balance exportador de marzo y del primer trimestre muestra una mejora significativa en el frente externo, tanto por el dinamismo de las exportaciones como por la ampliación del superávit comercial. La combinación de mayor volumen exportado, diversificación en los rubros y un aporte creciente del sector energético configura un escenario más favorable para la generación de divisas.

De cara a los próximos meses, la sostenibilidad de esta dinámica dependerá de factores tanto internos como externos: la evolución de los precios internacionales, el desempeño de las principales economías demandantes y la capacidad local de sostener los niveles de producción. En cualquier caso, el actual flujo de dólares provenientes del comercio exterior se posiciona como una variable central para sostener la estabilidad cambiaria y reducir vulnerabilidades macroeconómicas en el corto plazo.

Ezequiel Vega – Equipo PIN Capital

Nota para el Diario Rio Negro 26/04/2026

Se evidencia un reposicionamiento de inversores hacia economías con mejores perspectivas relativas de crecimiento, tasas reales atractivas o exposición a sectores estratégicos.

En el último año, los principales ETF que replican mercados accionarios fuera de Estados Unidos mostraron una dinámica marcadamente positiva, reflejando no solo el cambio en los flujos globales de capital sino también mejoras específicas en los fundamentos macroeconómicos y empresariales de cada país.

Los instrumentos que siguen a Brasil (EWZ), México (EWW), Japón (EWJ), Corea del Sur (EWY) y Australia (EWA) exhiben trayectorias alcistas con distinta intensidad, pero bajo un denominador común: el reposicionamiento de inversores hacia economías con mejores perspectivas relativas de crecimiento, tasas reales atractivas o exposición a sectores estratégicos.

En el caso de Brasil, el ETF EWZ registró una suba cercana al 50%-60% en los últimos 12 meses, con un rango que lo llevó desde niveles cercanos a USD 25 hasta la zona de USD 40-42. Este comportamiento estuvo respaldado por una combinación de factores: tasas de interés reales elevadas, un fuerte ingreso de capitales hacia mercados emergentes y el peso de compañías vinculadas a commodities, particularmente energía y minería. Además, el mercado brasileño se vio favorecido por el contexto global de demanda de materias primas y por la estabilidad relativa de su frente fiscal. Los flujos hacia activos latinoamericanos incluso alcanzaron máximos de más de una década, impulsando al índice regional.

México, representado por el ETF EWW, también mostró un desempeño destacado, con rendimientos anuales superiores al 60% en algunos períodos recientes. El principal driver fue el fenómeno de relocalización industrial o nearshoring, que posicionó al país como un socio estratégico de Estados Unidos. Sectores industriales, consumo y financiero —con fuerte peso en el índice— capitalizaron este proceso. A esto se suma una macroeconomía relativamente ordenada y tasas reales positivas que favorecieron el ingreso de capitales.

Por su parte, Japón, reflejado en el ETF EWJ, evidenció una suba cercana al 30%-40% interanual. El mercado japonés se vio impulsado por reformas corporativas orientadas a mejorar la rentabilidad para accionistas, un yen históricamente depreciado que favoreció a exportadoras, y un renovado interés de inversores globales. Empresas líderes como Toyota o Mitsubishi UFJ Financial reforzaron este movimiento, consolidando el atractivo del equity japonés en carteras internacionales.

Corea del Sur, mediante el ETF EWY, acompañó esta tendencia con un fuerte rally, en gran parte explicado por su exposición al ciclo tecnológico global. Gigantes como Samsung Electronics y SK Hynix —altamente vinculados a semiconductores— se beneficiaron del rebote en la demanda de chips, inteligencia artificial y electrónica de consumo. La economía coreana, altamente exportadora, amplificó estos movimientos a medida que mejoraron las perspectivas del comercio global.

Australia, representada en el ETF EWA, también mostró una evolución positiva aunque más moderada. Su desempeño estuvo vinculado principalmente al ciclo de commodities, en especial hierro y minerales industriales, junto con la solidez de su sistema financiero. La economía australiana combina exposición a China —su principal socio comercial— con estabilidad institucional, lo que la convierte en un mercado híbrido entre desarrollado y emergente en términos de drivers.

En conjunto, estos ETF reflejan un cambio de narrativa en los mercados globales. Mientras durante años el foco estuvo concentrado en Estados Unidos y el sector tecnológico, el último período evidenció una rotación hacia regiones con valuaciones más atractivas, fundamentos macro más sólidos o ventajas estructurales específicas.

Lejos de responder a un único factor, el crecimiento de estos instrumentos se explica por una combinación de variables: tasas reales positivas en mercados emergentes, reapertura de flujos hacia commodities, reconfiguración de cadenas globales de valor y reformas corporativas en economías desarrolladas.

Este proceso sugiere una mayor diversificación geográfica en las carteras globales, donde los ETF de países comienzan a recuperar protagonismo como vehículos para capturar tendencias macroeconómicas específicas más allá del mercado estadounidense.

Ezequiel Vega – Nota para Infobae 23/04/2026

La dinámica reciente del mercado de deuda en pesos empieza a configurar un escenario cada vez más delicado: la fuerte compresión de tasas en el tramo corto ya no sólo afecta los rendimientos, sino que empieza a tensionar directamente la sostenibilidad del carry trade en un contexto de atraso cambiario.

Hoy, el inversor en pesos enfrenta un cambio de régimen claro. La curva de LECAP mantiene una pendiente positiva, pero con rendimientos cada vez más comprimidos en los vencimientos más inmediatos. Instrumentos como la S31L6 (vto. julio 2026) operan en torno al 35% de TIR (2.12% TEM ) y la S31G6 (vto. agosto 2026) cerca del 32% de TIR ( 2.13% TEM), pero el dato relevante está en el tramo corto.

Fuente: Elaboración propia en base a BYMA

Las letras más cercanas, como la S17A6 (abril) en niveles de 23% de TNA y la S29Y6 (mayo) en torno al 28% TNA, implican tasas mensuales -TEM- en la zona del 2%. Este nivel marca un quiebre: ya no alcanza con capturar tasa en pesos para compensar el riesgo cambiario implícito ni la inflación mensual.

El punto central hoy no pasa por la inflación, sino por el dólar.

En un contexto donde el tipo de cambio oficial se mueve a un ritmo controlado y las brechas se mantienen contenidas, el mercado empieza a internalizar un escenario de atraso cambiario creciente. Bajo esta lógica, el carry trade —que fue uno de los grandes ganadores de los últimos meses— empieza a perder atractivo relativo.

La ecuación es simple: con tasas en pesos a la baja y un dólar que, aunque estable en el corto plazo, acumula presión hacia adelante, el margen de ganancia del carry se achica significativamente. El inversor ya no sólo evalúa el rendimiento en pesos, sino el riesgo de corrección cambiaria.

En este marco, aparece un problema adicional: la falta de instrumentos de corto plazo que permitan gestionar ese riesgo.

Históricamente, el tramo corto de la curva en pesos ofrecía flexibilidad: permitía hacer carry con baja duration y capacidad de salida rápida ante cualquier cambio en el escenario cambiario. Hoy, con tasas comprimidas y rendimientos poco atractivos, esa herramienta pierde efectividad.

Esto genera un descalce en la estrategia de los inversores. Para sostener niveles de retorno razonables, el mercado se ve empujado a extender duration (yendo a tramos como julio o agosto 2026), pero eso implica asumir mayor riesgo en un contexto donde el principal interrogante no es la tasa, sino el tipo de cambio.

En otras palabras, el inversor queda atrapado entre dos fuerzas:

  •  tasas cortas que ya no compensan el riesgo cambiario y la inflación 
  • y tasas más largas que exigen mayor exposición temporal en un escenario incierto

A esto se suma la propia estrategia del Tesoro, que convalida esta compresión de tasas en un contexto de alta liquidez en pesos. La demanda por instrumentos en moneda local sigue firme, pero ya no responde únicamente a fundamentos de rendimiento, sino también a la falta de alternativas.

Sin embargo, este equilibrio es frágil.

Si el mercado empieza a percibir que el atraso cambiario se vuelve insostenible, la dinámica puede cambiar rápidamente. En ese escenario, la salida del carry trade podría generar presión sobre los dólares financieros y obligar a una recomposición de tasas en pesos.

La clave hacia adelante no estará tanto en la evolución de la inflación, sino en la consistencia del esquema cambiario. Mientras el tipo de cambio se mantenga estable, el carry puede sostenerse, aunque con retornos decrecientes. Pero si esa estabilidad se pone en duda, la actual estructura de tasas cortas podría quedar rápidamente desfasada.

En definitiva, el mercado está transitando una etapa donde el corto plazo en pesos dejó de ser una herramienta eficiente para gestionar riesgo. Y en un contexto de atraso cambiario creciente, eso no es un detalle menor: es una señal de alerta sobre la sostenibilidad del equilibrio financiero actual.

Ezequiel Agustin Vega – Research en PIN Capital

Nota para el Diario Rio Negro 12/04/2026

La renta fija argentina volvió a posicionarse en el centro de la escena en las últimas semanas, en un contexto internacional marcado por la escalada del conflicto en Medio Oriente. Al igual que ocurrió en otros episodios de tensión geopolítica, los inversores buscaron cobertura y previsibilidad, lo que favoreció particularmente a los bonos soberanos en pesos ajustados por inflación.

Desde el inicio de la guerra entre Irán y Estados Unidos, el mercado local mostró una clara recomposición de precios, con subas generalizadas tanto en la curva en pesos como en los bonos hard dollar. Sin embargo, el movimiento más consistente se observó en los instrumentos CER, que lograron capitalizar el doble driver de cobertura inflacionaria y compresión de tasas reales.

En términos mensuales, los bonos en pesos registraron avances significativos. Entre los más destacados aparecen el TX26, con una suba del 5,4%; el TX28, que avanzó un 9,2%; y el DICP, con una mejora del 6,2%. Esta dinámica refleja una rotación clara del mercado hacia instrumentos indexados, en un contexto donde la nominalidad sigue siendo elevada y la desinflación, aunque presente, aún no termina de consolidarse.

Los BONCER —como el TX26 y el TX28— continúan siendo una pieza clave dentro de las carteras conservadoras y moderadas. Se trata de títulos ajustados por CER, es decir, por inflación, que además pagan una tasa real positiva, lo que permite resguardar el capital en términos reales. ([bonos.ecovalores.com.ar][1])

En particular, el TX26 se destaca por su perfil corto y defensivo, con una duration baja y menor volatilidad relativa, lo que lo convierte en un instrumento atractivo para inversores que priorizan liquidez y cobertura inmediata. Por su parte, el TX28 ofrece mayor duration y, por ende, mayor sensibilidad a la compresión de tasas, lo que explica en parte su mejor performance reciente.

El caso del DICP también resulta relevante. Este bono, de mayor plazo y con un cupón más elevado, comienza a captar el interés de inversores que buscan extender duration y capturar una potencial mejora en la curva real. Su estructura de pagos semestrales y tasa más alta lo posicionan como una alternativa intermedia entre cobertura y rendimiento. ([IOL Invertironline][2])

En paralelo, los bonos soberanos en dólares mostraron una recuperación más moderada. Si bien se beneficiaron del apetito por riesgo en mercados emergentes y cierta mejora en las expectativas macroeconómicas locales, continúan condicionados por la incertidumbre política y la sostenibilidad del programa económico.

En este escenario, la preferencia del mercado por instrumentos en pesos ajustados por CER no es casual. La combinación de inflación aún elevada, tasas reales positivas y menor volatilidad frente al tipo de cambio convierte a estos activos en una opción eficiente para transitar períodos de incertidumbre global.

De cara a los próximos meses, el comportamiento de la renta fija argentina seguirá condicionado por tres factores clave: la evolución del conflicto internacional, la dinámica inflacionaria local y la política monetaria. Si la desinflación se consolida, es probable que el foco del mercado comience a desplazarse hacia bonos de mayor duration, como el TX28 o incluso el DICP, buscando capturar ganancias de capital adicionales.

En síntesis, desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, los bonos argentinos —especialmente los indexados por CER— han mostrado una performance sólida, consolidándose como el principal refugio dentro del mercado local. La tendencia actual sugiere que, al menos en el corto plazo, la renta fija en pesos seguirá liderando las preferencias de los inversores, en un contexto donde la prudencia y la cobertura vuelven a ser protagonistas.

Ezequiel Vega – Analista research PIN CAPITAL

Nota para diario Rio Negro 29/03/2026

La escalada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán vuelve a colocar a la economía global frente a un escenario de alta sensibilidad geopolítica. Cada vez que Medio Oriente atraviesa episodios de tensión militar o diplomática, los mercados reaccionan con rapidez, especialmente en el sector energético. El petróleo —uno de los insumos más estratégicos de la economía mundial— suele ser el primero en reflejar ese nerviosismo.

En este contexto, la volatilidad en los precios del crudo se ha convertido en uno de los principales focos de atención para inversores, gobiernos y bancos centrales. Las referencias internacionales, el WTI y el Brent, tienden a incorporar rápidamente lo que el mercado denomina una “prima de riesgo geopolítico”. Es decir, los precios no sólo reflejan el equilibrio entre oferta y demanda global, sino también el temor a eventuales interrupciones en el suministro.

La preocupación no es menor. Una parte significativa del comercio mundial de petróleo atraviesa el Estrecho de Ormuz, un punto estratégico por el que circula cerca del 20% del crudo comercializado a nivel global. Cualquier amenaza a la seguridad de esa ruta marítima genera presión inmediata sobre los precios y eleva la volatilidad del mercado energético.

Para los países productores, este contexto puede representar una oportunidad. Cuando el petróleo se mantiene en niveles elevados o muestra una tendencia alcista, los proyectos de inversión en hidrocarburos se vuelven más rentables y atractivos para el capital internacional. En ese escenario, Argentina aparece con una ventaja estratégica cada vez más visible: el desarrollo de Vaca Muerta.

La formación neuquina es una de las mayores reservas de hidrocarburos no convencionales del mundo y se ha consolidado en los últimos años como uno de los principales motores potenciales de crecimiento para la economía argentina. Gracias a mejoras tecnológicas, mayor eficiencia operativa y al aprendizaje acumulado por las compañías que operan en la región, los costos de producción se han reducido de forma significativa.

Esto implica que, con precios internacionales relativamente firmes, muchos proyectos en Vaca Muerta se vuelven altamente competitivos. En un contexto global en el que la seguridad energética vuelve a ocupar un lugar central en la agenda de muchas economías, la capacidad de Argentina para aumentar su producción y exportación de hidrocarburos adquiere una relevancia estratégica creciente.

El desarrollo de Vaca Muerta no sólo implica mayores exportaciones de petróleo y gas. También genera un efecto multiplicador en la economía real: impulsa inversiones en infraestructura, transporte, logística y servicios especializados, además de fortalecer el entramado productivo en provincias como Neuquén y Río Negro.

Sin embargo, transformar esta oportunidad en un proceso sostenido de crecimiento requiere algo más que precios internacionales favorables. Los proyectos energéticos son intensivos en capital y demandan horizontes de inversión de largo plazo. Por eso, la estabilidad macroeconómica, la previsibilidad regulatoria y el acceso al financiamiento internacional se vuelven factores clave para consolidar el desarrollo del sector.

Al mismo tiempo, el contexto internacional plantea otro desafío relevante: la respuesta de los bancos centrales frente a un eventual repunte inflacionario impulsado por el encarecimiento de la energía. Tras la pandemia, las principales economías del mundo enfrentaron un proceso inflacionario significativo y debieron aplicar políticas monetarias más restrictivas.

Si bien la inflación comenzó a moderarse respecto de los picos registrados en años recientes, el equilibrio sigue siendo delicado. Un aumento sostenido en el precio del petróleo podría volver a presionar sobre los costos energéticos, el transporte y la producción, generando un nuevo impulso inflacionario a nivel global.

En ese escenario, los bancos centrales enfrentan un dilema complejo: mantener las tasas de interés elevadas durante más tiempo o incluso considerar nuevas subas si la inflación vuelve a acelerarse. Las decisiones de política monetaria en Estados Unidos tienen un impacto directo sobre las economías emergentes.

Un entorno de tasas altas suele fortalecer al dólar, reducir la liquidez global y encarecer el financiamiento para países que dependen del acceso a los mercados internacionales de capital.

Para Argentina, esto implica que el desafío económico será doble. Por un lado, aprovechar el potencial exportador del sector energético en un mundo que busca diversificar sus fuentes de suministro. Por otro, construir un marco macroeconómico que permita atraer inversiones incluso en un contexto financiero internacional más exigente.

Nota para Diario Rio Negro 15/03/2026

Ezequiel Agustin Vega – Research en PIN Capital

En el menú de la licitación del miércoles pasado, la Secretaría de Finanzas sorprendió al mercado con dos decisiones clave: la ausencia de instrumentos a tasa fija y la incorporación de un nuevo bono en dólares.

Una licitación primaria del Tesoro es el mecanismo mediante el cual el Gobierno coloca nueva deuda en el mercado para financiar sus necesidades o refinanciar vencimientos existentes. En estas instancias, el Ministerio de Economía ofrece distintos instrumentos —letras o bonos— y los inversores presentan sus ofertas indicando qué monto están dispuestos a suscribir y a qué tasa o precio. A partir de esas ofertas, el Tesoro decide cuánto convalidar y a qué condiciones, definiendo así su costo de financiamiento.

Luego de convalidar tasas elevadas en las primeras licitaciones del año y alcanzar rollovers superiores al 100% —es decir, captar más pesos de los necesarios para cubrir vencimientos—, el Tesoro optó por retirar del menú las Lecaps, los instrumentos a tasa fija de corto plazo. La decisión deja abierta la incógnita sobre si volverán a ofrecerse en las próximas colocaciones. En su lugar, se priorizaron instrumentos indexados, tanto por inflación (CER) como por tipo de cambio (dólar linked). Estos últimos casi sin oferta, demostrando que el mercado prefiere obtener mayor cobertura ante saltos inflacionarios que por saltos cambiarios.

La mayor sorpresa fue el  anuncio de la emisión de un nuevo bono ley local en dólares con vencimiento el 29 de octubre de 2027, coincidiendo con el fin del mandato actual de Milei. Se trata de un bono bullet, es decir, amortiza la totalidad del capital al vencimiento y devengará un cupón del 6% TNA pagadero mensualmente.  En una primera instancia, se buscó colocar hasta US$150 millones, con una segunda vuelta el día siguiente por hasta US$100 millones adicionales al precio de corte. Se licitó el precio y formará parte de un programa máximo de emisión de hasta US$2.000 millones dentro del esquema de colocaciones quincenales. Los fondos estarán destinados a afrontar los vencimientos de capital previstos para julio de 2026.

El nuevo bono, identificado bajo el ticker AO27, apunta a captar liquidez en dólares en un contexto de fuerte crecimiento de los depósitos en esa moneda. Parte de este flujo seguramente encontrará interesados dentro de quienes -gracias a la reciente resolución de la Comisión Nacional de Valores (CNV)- ingresen efectivo bajo el régimen simplificado de ganancias. Y de empresas que tienen excedentes en esa moneda y -atravesados por restricciones cruzadas- no pueden acceder a otros instrumentos de renta fija en dólares. En este marco, el Tesoro busca canalizar y tentar a esos fondos hacia instrumentos del mercado de capitales.

El miércoles por la tarde se publicaron los resultados de la licitación del Tesoro donde se dio a conocer que Finanzas adjudicó $6,74 billones de pesos, sobre ofertas recibidas por $8 billones, lo que implicó un rollover de 93,3%. El AO27 mostró una fuerte demanda: se recibieron ofertas por más de US$860 millones y se adjudicaron los US$150 millones previstos, a una tasa del 5,74% TNA y con emisión sobre la par (USD 100,45). 

La segunda vuelta se realizó el jueves al mismo precio de corte por hasta US$100 millones adicionales. El instrumento volverá a ser ofrecido en la próxima licitación del 11 de marzo. Bajo estas condiciones Argentina logra financiamiento a tasas bajas, acumula reservas en una nueva caja y va resolviendo la incógnita del pago de obligaciones soberanas de julio. Con esto en conclusión logrará encaminar a la baja el riesgo país. Lo que además será un empujón a seguir revalorizando los títulos públicos en dólares.

Nota para Diario Rio Negro 01/03/2026

Lic. Lucia Narbaits – Research en PIN Capital

Mientras la discusión pública gira en torno a la inflación, el tipo de cambio o la última licitación del Tesoro, existe una decisión financiera de mayor profundidad estructural: la planificación patrimonial intergeneracional. No se trata de coyuntura, sino de método. No se trata de anticipar el próximo movimiento del mercado, sino de definir cómo se va a construir el capital que recibirán los hijos dentro de diez, quince o veinte años.

En la mayoría de los hogares, el ingreso tiene destino inmediato. Educación, vivienda, consumo, servicios. El flujo está organizado para sostener el presente. Sin embargo, pocas familias estructuran de manera formal la acumulación de activos financieros con horizonte largo. Se invierte en formación y bienestar, pero no necesariamente en instrumentos que consoliden un patrimonio transferible.

Así como existe una cuota escolar, una cuota del club o un débito automático para servicios, también puede existir una cuota de inversión. No como esfuerzo residual, sino como asignación predefinida del ingreso. La lógica es simple: transformar parte del flujo mensual en activos financieros que capitalicen en el tiempo.

Desde el punto de vista técnico, la construcción patrimonial responde a tres variables: monto, rendimiento y tiempo. El tiempo es la variable más poderosa. Aportes periódicos, invertidos de manera disciplinada y diversificada, permiten capturar el efecto del interés compuesto y reducir la relevancia del timing de mercado.

En este marco, el mercado de capitales deja de ser un espacio de especulación de corto plazo y pasa a ser la herramienta para estructurar patrimonio intergeneracional. 

La Cartera Herencia armada por PIN Capital se inscribe dentro de esta lógica. Se trata de una estrategia orientada al largo plazo, compuesta por activos de calidad internacional, con exposición global y negociados en los principales mercados del mundo. No depende del ciclo económico local ni de la dinámica específica de una sola economía. Son compañías con presencia internacional, balances auditados, regulación en mercados desarrollados y liquidez global.

Los activos financieros internacionales poseen transferibilidad jurídica y económica. Son títulos negociables, registrables y transmisibles. No dependen de una geografía específica para mantener su validez. Desde la perspectiva patrimonial, esto implica que el capital acumulado no está restringido al contexto local, sino que participa del crecimiento de la economía global.

Definida la herramienta, el desafío pasa a ser operativo: cómo financiar esa estrategia en el tiempo. El armado de la cartera no depende de un único desembolso inicial, sino de la capacidad de sostener aportes de manera sistemática. Una forma eficiente de hacerlo es mediante transferencias automáticas desde la cuenta bancaria hacia la cuenta comitente, replicando la lógica de cualquier obligación fija. Al establecer previamente un monto, una fecha y un plazo determinado, la inversión deja de depender de decisiones mensuales discrecionales y pasa a integrarse al esquema habitual de administración del ingreso.

También es posible estructurar aportes concentrados en momentos específicos del año. Establecer una contribución anual —por ejemplo, asociada a una fecha relevante como el cumpleaños del hijo— permite capitalizar montos mayores y mantener igualmente la disciplina del largo plazo

La volatilidad de corto plazo es inherente al mercado accionario. Sin embargo, cuando el horizonte se extiende, el análisis cambia. El foco se traslada desde la fluctuación diaria hacia la capacidad de las empresas de generar ingresos, innovar y expandirse globalmente.

Invertir en activos internacionales diversificados permite participar del crecimiento estructural de sectores como tecnología, comercio electrónico, inteligencia artificial y consumo global. De esta manera el capital pensado para los hijos deja se desacopla del riesgo argentino y pasa a estar vinculado a economías desarrolladas. 

Construir herencia no es un acto eventual; es un proceso financiero. Requiere definir una herramienta —el mercado de capitales—, una estrategia —diversificación global de largo plazo— y un mecanismo de financiamiento —aportes sistemáticos—..

Nota para el diario Rio Negro 15/02/2026

Lic. Lucia Narbaits Research en PIN Capital

El 2026 comenzó con expectativas interesantes, el Banco Central de la Repùblica dinamizó su régimen cambiario hacia un sistema con compras diarias de divisas condicionado a la oferta de dólares y el volumen operado en el MULC. Hacia fines del año 2025, según el escenario base de re-monetización del BCRA, las autoridades proyectaban compras de U$S 10.000 millones sujeto a la evolución de la base monetaria, en lo que va del mes (con datos hasta el 26/01/2026) el Banco Central ha comprado 1.016 millones de dólares, a un ritmo de 64 millones de dólares en promedio y asumiendo compras en los 252 hábiles (estimados) de negociación bursátil, el BCRA podría alcanzar 16.000 millones de dólares, superando holgadamente la meta actual.

Asimismo, el primero de febrero Argentina deberá desembolsar en torno a 800 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional en concepto de intereses, en contracara también tendrá una revisión del programa y el organismo podría desembolsar 1000 millones sujeto a la evolución de las metas asignadas por el FMI.

Paralelamente, el riesgo país desde comienzos de este año bajó 12% pasando de 571 puntos básicos a 501 al 27/01 (el nivel más bajo de los últimos ocho años), reflejando aumento de confianza en la solvencia del Tesoro. Un punto importante para aclarar, es que Argentina deberá afrontar pagos por U$S 8814 millones de dólares en 2026, producto del endeudamiento entre Bonos Soberanos, Bopreales, Repos y pagos al FMI. La acumulación de reservas no basta para cumplir con estos vencimientos, sino que el Tesoro tiene el desafío (o la urgencia) de perforar la barrera de los 400/450 puntos básicos para volver al mercado de deuda internacional.

Un punto positivo de todo esto, es que recientemente Ecuador pudo rollear su deuda en el mercado internacional, obteniendo ofertas por U$S 4500 millones de dólares a una tasa del 9%, recordemos que Ecuador tiene niveles de riesgo país similares a Argentina y se da la particularidad de que hay mucho interés de Inversores Institucionales en inyectar dinero en paìses Latinoamericanos.

Sería un éxito rotundo sin lugar a dudas que el Tesoro pueda rollear gran parte de sus vencimientos para años futuros, haciendo retrospectiva recordemos que venimos de 2300 puntos de riesgo país hacia fines de 2023, en tan solo 2 años el Gobierno logró estar de cara al mundo como un país más solvente y seguro. Sin lugar a dudas cabe aclarar que hay muchos desafíos por resolver aún.

Finalmente, el tipo de cambio mayorista tuvo una modesta baja durante el primer mes del año (-2.12%) pasando de $1469,61 a $1438,46. Hemos observado un breve incremento en la brecha contra dólares financieros (MEP/CCL) sin embargo el tipo de cambio no mostró volatilidad de momento, se encamina una buena cosecha según los expertos y el sector oil&gas luce interesante para un nuevo esquema de exportación.

Esperamos que este año haya calma y estabilidad en los mercados financieros, luego de un año complejo por conflictos y riesgos políticos. Seguimos optimistas con la renta variable Argentina, con un Índice S&P Merval rompiendo los USD 2100 medido en dólar CCL. Como tesis de inversión, estamos sobreponderados en activos ligados al sector oil&gas y vemos con buenos ojos a Mercados Emergentes, con Brasil a la cabeza ante inminente cambio de gobierno.

Nota para el diario Rio Negro 1/02/2026

Lic. Franco Marin Research en PIN Capital

La semana dejó una postal clara del mercado financiero local: la liquidez sigue siendo un factor clave y las tasas continúan funcionando como variable de ajuste. 

Las cauciones bursátiles —uno de los instrumentos más utilizados para administrar excedentes de corto plazo— mostraron una volatilidad poco habitual y están en boca de todos, mientras que la primera licitación del año del Tesoro convalidó tasas elevadas, especialmente en las letras más cortas.

Para entender el contexto, vamos a empezar por lo básico. Una caución bursátil es un préstamo de dinero de muy corto plazo que se realiza dentro del mercado de capitales. Un inversor coloca pesos y otro los toma prestados, dejando activos como garantía. Es una herramienta central para la gestión diaria de liquidez, tanto para inversores como para agentes financieros, ya que permite colocar excedentes por plazos que van desde 1 día hasta 120 días, con tasa conocida y bajo riesgo operativo.

Durante esta semana, ese termómetro de liquidez mostró fuertes desequilibrios. Sobre el cierre de algunas ruedas, las tasas de caución llegaron a marcar picos extraordinarios, con registros de entre 120% y 150% de tasa nominal anual (TNA). Estos movimientos no reflejan un cambio estructural, sino tensiones puntuales: necesidad de pesos para cerrar posiciones, desarmes de estrategias y una oferta de liquidez que no siempre alcanzó a cubrir la demanda en determinados momentos del día, sobre todo al cierre.

En paralelo, el miércoles 14, el Tesoro realizó la primera licitación del año. El dato más relevante fue la convalidación de tasas altas en las letras de corto plazo. En particular, la letra S27F6 con vencimiento el 27 de febrero ofreció un premio superior a los 5 puntos porcentuales de TNA respecto del mercado secundario, confirmando que el Tesoro debió pagar un extra para asegurar el rollover de vencimientos, el cual logró al 98%.

La combinación de cauciones extremadamente volátiles y una licitación que valida tasas exigentes deja una lectura común: los pesos siguen siendo un recurso escaso y caro. Las tasas continúan siendo la herramienta para ordenar flujos, absorber excedentes y evitar presiones adicionales sobre otros precios clave de la economía.

Para quienes buscan colocar pesos a un plazo cercano al mes, hoy conviven tres alternativas claras, con distintos niveles de rendimiento y volatilidad. La opción más tradicional sigue siendo el plazo fijo, que entre los bancos más conocidos ofrece una TNA promedio del 28,5%, con la ventaja de la previsibilidad y simplicidad, aunque con un rendimiento más acotado. En el mercado de capitales aparece la caución bursátil a 30 días, que al momento de redactar esta nota rinde en torno al 33,5% TNA, pero con una característica clave: su tasa es altamente volátil, pudiendo variar de forma significativa según el día y el horario de operación. Por último, para quienes aceptan asumir algo más de riesgo, el bono del Tesoro T13F6, con vencimiento el 13 de febrero, se posiciona como la alternativa más atractiva en términos de tasa, con un rendimiento cercano al 36,63% TNA.

De cara a las próximas semanas, el mercado también pondrá la lupa en el calendario de licitaciones del Tesoro, donde al Gobierno le convendría convalidar tasas más bajas y avanzar hacia vencimientos más largos. Ese movimiento no solo aliviaría la presión sobre las tasas de corto plazo, sino que además permitiría estirar plazos de financiamiento, reduciendo la necesidad de reestructuraciones frecuentes y dando mayor previsibilidad a los inversores. En un mercado donde los pesos siguen siendo escasos y las decisiones de liquidez cobran cada vez más protagonismo, observar cómo se comportan estas licitaciones será clave para anticipar el rumbo de las tasas y del conjunto de las expectativas financieras en los próximos meses.

Nota para el diario Rio Negro 18/01/2026

Lic. Lucia Narbaits – Research en PIN Capital

Con los pagos de deuda de enero asegurados y un nuevo esquema cambiario en marcha, la economía argentina entra en 2026 con un objetivo central: dejar atrás la urgencia financiera y pasar a una etapa donde el dólar, las reservas y la confianza se ordenen bajo reglas más previsibles.

El inicio de 2026 encuentra a la economía argentina atravesando una transición clave en su esquema macroeconómico. Tras un cierre de año marcado por tensiones cambiarias puntuales, el Gobierno decidió intervenir preventivamente en el mercado de cambios para moderar la volatilidad del dólar y llegar al cambio de régimen con mayor estabilidad. El objetivo inmediato fue claro: evitar desorden cambiario en la antesala de una nueva etapa, en un contexto estacionalmente sensible para la demanda de divisas.

En este sentido, es importante remarcar que el pago de los cupones de los bonos soberanos del próximo 9 de enero ya se encuentra plenamente asegurado, despejando uno de los principales focos de incertidumbre financiera de corto plazo. Este punto no es menor: elimina riesgos de estrés inmediato en la curva de deuda y permite que la atención del mercado se desplace hacia el verdadero desafío que enfrenta la macro argentina en 2026.

Ese desafío ya no pasa por un acceso urgente a los mercados internacionales, sino por la acumulación sostenida de reservas, que se consolida como el eje central del nuevo programa económico. Durante 2025, la escasez de dólares del BCRA fue uno de los principales límites del esquema, reduciendo el margen de maniobra y manteniendo latente la presión cambiaria. A partir de enero, el régimen entra en una nueva fase: las bandas de flotación del dólar comenzarán a ajustarse automáticamente según la inflación, incorporando un ancla más previsible y transparente para el tipo de cambio. El objetivo es permitir un movimiento ordenado del dólar, reducir la discrecionalidad y favorecer la compra de divisas cuando el mercado lo habilite, sin recurrir a intervenciones defensivas ni a saltos abruptos. En conjunto, superávit fiscal, menor emisión y un tipo de cambio que acompaña la dinámica inflacionaria apuntan a recomponer reservas de manera más genuina y sostenible.

La estrategia oficial apunta a que, con un régimen de bandas móviles indexadas por IPC, una política fiscal estricta y menor emisión monetaria, el Banco Central pueda comprar dólares de manera genuina, fortaleciendo su balance y reduciendo gradualmente la vulnerabilidad externa. En este marco, el mercado comienza a leer que la estabilidad cambiaria ya no depende exclusivamente de intervenciones puntuales, sino de reglas claras que ordenen el flujo de divisas en el tiempo.

En este contexto, el nivel de confianza en el rumbo económico funciona como un ancla adicional para el esquema en marcha. Hacia el cierre del año se observó un reacomodamiento en los indicadores de percepción pública: si bien hubo una leve corrección respecto de los máximos previos, los valores siguen siendo elevados en términos históricos. Este clima de confianza resulta clave para ordenar expectativas, reducir comportamientos defensivos frente al dólar y permitir que el nuevo régimen cambiario consolide credibilidad.

En esa línea, el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Di Tella mostró en diciembre una leve baja frente a noviembre, aunque se mantuvo dentro de un rango alto en comparación con gestiones anteriores. El informe destaca que el indicador se movió durante el año en un margen relativamente acotado —con picos a comienzos de 2025 y mínimos hacia septiembre— y que, aún tras el retroceso de fin de año, permanece claramente por encima de los niveles más bajos registrados en el período.

Así, el arranque de 2026 marca un cambio de foco: del cumplimiento financiero de corto plazo —ya despejado— hacia la construcción de un esquema macro más robusto, donde la acumulación de reservas, la previsibilidad cambiaria y la consistencia fiscal se convierten en los pilares centrales. El éxito de esta etapa dependerá menos de anuncios espectaculares y más de la capacidad de sostener reglas claras y resultados concretos en el tiempo.

Nota para el diario Rio Negro 04/01/2026

Lic. Lucia Narbaits – Research en PIN Capital

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